24 marzo 2010

Ni olvido, ni perdón.

Hace unos años, tenia en el colegio (hace unos cuantos años) una docente que creo que en muchos aspectos de la vida me cambio la vida. Con pequeñas cosas hizo que mi presente (el de entonces) adolescente pensará más y rajara la vanidad y la banalidad a patadas de mi vida.

Así me encontró el día que me trajo un libro, me señaló una pagina y me pidió que lo leyera en voz alta. Siempre leía yo, indefectiblemente leía yo, en todas las clases, por costumbre y por este vozarrón que no me deja respirar hasta el punto final.

Y leí este cuento, y se me hizo un nudo en la garganta que se convirtió en llanto, ahí nomás en medio de la clase, con la profesora que me hacía pensar. Se los comparto. Una muestra de que hay que dejar de mirar para el otro lado.

MEMORIA, VERDAD y JUSTICIA.

¡NI OLVIDO, NI PERDON!

 

El que no salta es holandes.

Mabel Pagano.

No hay más ciego que aquel al que
el miedo no deja ver. Ni más ignorante que
aquel al que el miedo no deja comprender.
Pacho O’Donnell

 

Estaban ahí aquel día en que nosotros nos pegamos al televisor portátil llevado por el gerente, ya que el acontecimiento, muchachos, justifica el abandono del trabajo por un rato, imagínese, hace casi cuarenta años que los argentinos esperamos algo así. Vengan, chicas, que esto no se lo pueden perder y nosotras que ni locas, porque una cosa es un partido cualquiera y otra muy distinta, un Mundial. Pero la Flaca dijo yo tengo que hacer ese trámite de la importadora y se fue. Volvió cuando ya estábamos en los escritorios, todos emocionados porque todo salió perfecto, según Javier, y qué bárbaros los gimnastas, para el cadete y para nosotras, con la banda y el desfile y los papelitos, una maravilla, no sabés lo que te perdiste, pero la Flaca sin interesarse, ahí parada, con los ojos fijos en ninguna parte y diciendo que a la misma hora del festejo, ellas estaban ahí, en la Plaza, como cien, dando vueltas a la Pirámide, algunas llorando y otras diciéndoles a los periodistas extranjeros que no tenían noticias de hijos, hermanos y padres. Y los tipos seguro que los filmaban para hacernos quedar como la mierda en el exterior. Javier interrumpió golpeando el escritorio y el cadete asegurando que no importa porque, total, quién les va a dar bolilla a cuatro chifladas y nosotras diciéndole terminala con eso, Flaca, que por ahí, andá a saber cuál es la verdad y el gerente rematando con que me gustaría saber quién les paga para que saboteen la imagen del país.
Los días siguieron: la República era una gran cancha de fútbol.
Empatamos, ganamos, perdimos, pero no importa, porque la Copa se la van a llevar si son brujos y el televisor ya fijo en la oficina, mirá, mirá que remate, cómo se perdió el gol ese boludo y aquél hoy no pega ni una. Las mujeres, ya bien al tanto de lo que significa un córner, cuál es el área chica y qué es lo que debe hacer el puntero derecho. Pero Goyito, el de Expedición, desapareció hace cuatro días y nada, dale Flaca, vos siempre la misma amargada, el cadete con sonrisa de costado y Javier que por algo habrá sido, che, porque a mí todavía nadie me vino a buscar. Y ellas siguen ahí, dando vueltas a la Pirámide, ma sí, ya se van a ir, cortala, parecés la piedra en el zapato, pero tienen que darles una explicación, lo que tienen que darles es una paliza y listo, así se dejan de decir macanas cuando el país está de fiesta. Hay que embromarse con alguna gente, la patria no les importa, el gerente opinando desde la primera fila frente a la pantalla y la Flaca como para sí misma, el fútbol no es la patria. Gol. Gooooolllll. Golazo. ¡Ar-gen-ti-na! ¡Ar-gen-ti-na!
¿Hacen falta seis para pasar a la final? Se hacen los seis, pero a la hermana de Carrasco la secuestraron anoche a dos cuadras de la facultad, que se embrome, por meterse donde no debe, dijiste vos y Javier yo siempre le vi algo raro a esa chica, enganchando enseguida con que después de los seis pepinos a los peruanos, concierto de cacerolas en los balcones de su edificio, en pleno Barrio Norte, nunca visto, el delirio, la locura y nosotras, contando de la caravana de coches y el novio y el marido, con las banderas, los gorritos y las cornetas, nos acostamos como a las cuatro y hasta la chica aquella, Mariana, la de Libertador, con la vincha y subiéndose a un camión que pasaba para el centro, no se puede creer, ¿viste? Por un anónimo, nada más que por una denuncia sin fundamento y al otro porque ayudaba al cura y a las monjas en la villa del Bajo Flores. Te digo que no me quedó uña por comerme y la hora maldita no pasaba nunca, tocando el techo con cada gol y mirando el reloj, hasta que al fin se dio. Se me cayeron las lágrimas, ¡qué final! ¡El que no salta es un holandés! Y los que desaparecen son argentinos, dale Flaca, no empecés, ¿no te dije, pibe, que la Copa se quedaba aquí? Todos con las banderas y los pitos, a gritar y a cantar, dale con el tachín- tachín, juntos, en aquella fiesta que parecía que no iba a terminar nunca, porque ganamos, salimos campeones y fue como una borrachera de la que nos despertamos con este dolor de cabeza que nos martillea las sienes y un revoltijo de estómago que aumenta a medida que la tapa de la olla se va corriendo. Las cuentas finales no aparecen y la lata está rota de tantas manos que se le metieron adentro. Pero lo peor es lo otro, ellas que siguen ahí, ellas, que ya estaban pidiendo por los que no estaban mientras nosotros saltábamos, sordos a lo que decían algunos como la Flaca, ustedes no se dan cuenta de lo que está pasando y cuando comprendan, ya va a ser tarde. Aseguraba que éramos como los alemanes, que veían el humo saliendo de las chimeneas de los campos de concentración y miraban para otra parte, se callaban, como callamos nosotros, entonces y después, tapándonos hasta las orejas cuando las sirenas nos interrumpían las noches, o escuchábamos algún grito, o se llevaban a alguien del piso de abajo. Nos dieron un pirulín para matar el hambre. Flaca, tenías razón y una entrada al circo para comprarnos la conciencia.

(tomado del libro "Fútbol a puro cuento", Ediciones del Faro Verde, Argentina, 1986. Compilador: Rodolfo Cuenca)

Sa.

19 marzo 2010

Escribir un titulo de entrada

Escribir cada vez me cuesta más. Antes bastaba con cerrar los ojos y  apoyar la lapicera en una hoja limpia para que en escasos minutos surgieran las palabras, los párrafos, los cuentos que llenaron cuadernos durante casi toda mi vida, o por lo menos desde que aprendí a escribir.

Ahora me cuesta cada vez más.

Escribir es un habito, y si no se es constante los hábitos poco a poco se van olvidando, perdiendo, gastando. Justamente escribir es un habito que no quisiera perder nunca.

Algunos dirán, pelotuda… estas escribiendo ahora mismo. Si, lo se. El blog es un excelente ejercicio y el habito que más me cuesta explotar. Me olvido, me cuesta firmar blogs, no soy constante y el Licenciado se queja de mis idas y venidas y se termina enojando conmigo.

Siempre escribí cuentos, historias que alguna vez fueron de vidas cercanas y con algunos adornos hoy son parte de un libro o de algunos archivos que siguen durmiendo en la computadora o en fondo del cajón. Algunas veces, reacciono de que en época de crisis los escritos son más fácil de vomitar. Cíclico: una lagrima, un poema, un llanto frustrado, un cuento, un desahogo emocional y doce sesiones de terapia, un libro. ¿Y cuando la vida sonríe? Los textos que salen son horriblemente asquerosos y cursis.

Ojo, no me estoy quejando de llena. Simplemente pienso en que estado escribí ciertos cuentos, todo el material que tengo guardado y todas las historias que sin escribir esperan una crisis emocional y algunos excesos para salir.

Tengo más de sesenta y pico de paginas sin concluir que tienen miedo de que llegue el punto final, simplemente porque no es el momento o porque las paginas que faltan no van a tener el tinte dramático que llevan hasta ahora sus sesenta y pico de antecesoras. 

Por lo pronto intentaré seguir con este habito, que es mejor que perderlo del todo.

Escriban.

Paz.

Sa. DSC03532

NOTA: Si me quieren hacer feliz, regalenme cuadernos… soy tan básica.

14 marzo 2010

Este año la tía Fer no vino

Este año la tía Fer no vino. En casa nunca faltan colchones y yerba, elementos imprescindibles cuando uno vive en una ciudad turística y tiene una numerosa familia lejos. Donde comen tres, comen  quince y es así como he pasado veranos completos durmiendo en una bolsa de dormir y comiendo con el plato en la falda en un rincón del comedor. Pero este año la tía Fer no vino, y se notó la ausencia.

Cuando termina el verano, indefectiblemente empieza el frio. Es automático, se hace presente un par de días antes del otoño y puteamos por el viento tanto más o igual que puteamos al comienzo del verano por  el insufrible calor.

Siempre quejándonos de uno u otro estado.

Este verano no vino mucha gente, estuvo tranquilo, pude comer en la mesa y la mayoría de las noches dormir en mi cama. Pero este año la tía Fer no vino y no pude discutir sobre mi agnosticismo ni sobre la idea de nunca casarme, ni pude decir adrede muchas veces las palabras mierda, puta y boluda para que se alarme y me crea la más boca sucia de sus sobrinas.

Se está haciendo notar este puto otoño. Mamá ya salió a pelearse con la heredera de la Tuca por las nueces que caen del nogal de la vereda de la otra cuadra y se nota ahora sí la ausencia de la tía Fer este verano. Dicen que me voy a parecer a ella. Por lo menos sé que mis dientes, salieron igual de torcidos que los suyos y que la tía Zulma (que sí vino esta temporada y vino con novio nuevo y todo) no se alarma si yo digo mierda, puta o boluda y está de acuerdo con que sueñe con irme a París y no sea una Susanita empedernida que solo piense en casarse.

Igualmente, con respecto a mis tías, la tía Fer es con la que mejor me llevo. Debe ser por lo parecidas que somos o porque es con la que más charlé en mi vida de sobrina o porque siempre viene en verano… aunque este año la tía Fer no vino.

DSC02871 La última visita de la tía con su marido, el tío Dani, el primo Rodri y el eterno amiguito de Rodri Joaco.

 

Paz.

Sa.

 

NOTA: La Tuca era una vecina que se ganó el odio de todos los niños del barrio, yo incluida en las epocas en que jugábamos al 25 en el baldío de frente a su casa y nos pinchaba las pelotas con un tenedor. Para otro post quedarán esas historias.

02 marzo 2010

Feliz año nuevo!

Volver a empezar.
Para mi el comienzo del año, el verdadero comienzo del año se da al momento que piso por primera vez la Universidad y por ende el café de la esquina. hoy fue ese día.
Café doble, el mismo dueño del café con la misma sonrisa, la misma escalera del complejo que sigue en construcción y las mismas personas pasando, yendo y viniendo. Los mismos ingresantes con cara de miedo ante tanta estructura en construcción y ante un comienzo de algo que puede que terminen, puede que no, o pueden que en unos años sigan viendo pasar la misma imagen de todos los años en el café de la esquina.
Hoy vinieron a mi mente como tantas veces en las ultimas semanas, miles de imagenes vividas y pasadas. Si las paredes de Oxsaca hablaran...
Feliz año nuevo. Volví, como por octava vez en este año que recién se llevó tres meses, para contarles pavadas como siempre.
Los quiere.
Paz.
Sa.
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