14 enero 2010

Si diecinueve años después…

En realidad, con Yiyo fuimos amigas de toda la vida. Nuestras pansas se chocaron cuando nuestras madres apenas si se hablaban y bamboleaban sus barrigas por el conurbano bonaerense.

Tiempo después estábamos tirándonos de las mechas, y algunas veces solíamos complotarnos contra el hermano mayor, que de vez en cuando era bueno y se hamacaba con nosotras.

Siempre dije que tendríamos que haber tenido unos quince años más al realizar los viajes que nuestros viejos organizaban. Yo apenas si me acuerdo de Corrientes. En Corrientes, estaba la abuela, a un paso de Brasil… Brasil, donde me compraron esa bendita muñeca del trauma.

Tan traumada quedó, que diecinueve años después, se acuerda de la muñeca que yo debo haber olvidado en una mudanza kilométrica de Pilar a Mar del Plata, donde no solo deje mi primera infancia, mis tres abuelos y mis 13 tíos (ni quiero contar cuantos primos, se me va la vida) sino que también dejé a la amiga de mi vida.

Papá y Mamá, Alito y Silvia, la compraron en Brasil, cuando el auge del uno a uno permitía cumplir algunos caprichos más a la nena y comprar sabanas a precio ganga que hoy ni en la Salada se ve. La muñeca hablaba, decía mamá y me la compraron sin muchos espamentos. Yo estaba contenta con mi muñeca nueva y ella lloraba porque justamente, no le compraron una muñeca como la mía, que hablara y saliera dos mangos que actualmente es mucho más.

Ahí empezó el trauma. Hace siete años que no visitaba mi ciudad. Teníamos catorce la ultima vez que vacacionó en la playa conmigo de donde volvíamos todas las tardes sentadas en la caja de la camioneta de su padre (padre que no quiso comprarle la muñeca) y saludábamos a cuanto turista repleto de bártulos se dirigía de vuelta a su hogar, después de una ajetreada tarde playera. Hoy volvió… y lo primero que recordó fue la muñeca de la infancia, que tanto la hizo llorar.

Y mi padre (padre que me compró la muñeca que decía mamá) se compadeció de ella y decidió comprarle una nueva. Esta no habla, está traumada también y le propusimos a ella, a Yiyo que le enseñara a hablar.

yo mi vida

La muñeca en cuestión. Yo con dos años y medio. Los pantalones más tiernos de la historia.

Paz

Sa.

Nota: Por dió… notese mi altura, no crecí más desde entonces!

2 comentarios:

Félix dijo...

Qué cosa, che. Pobre Yiyo, ahora entiendo por qué es tan loca, quedó traumada por lo de la muñeca.

Igual el gesto de tu viejo, fue genial, jajaja. Habrá estado bueno eso, cómo me lo perdí.

Por otra parte, mirála a ella, tenés razón, no creciste nada, petisa :P

SeBa! dijo...

Qué linda anécdota, me hiciste ir atrás en el tiempo y recordar mis vacaciones con mis hermanos a la costa. Ibamos 5 (primero en un Ranault 12, después un Renault 18 y finalmente el Fiat Duna que duró muchos años) teníamos bolsos hasta en los pies porque mi vieja se llevaba toda la casa prácticamente... HASTA LAS OLLAS!! Qué locura...

Saludos!

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